Lo cierto es que esta cita viene de un vídeo en el que trata del perdón, perdonarse a uno mismo y perdonar a los demás:
El ejemplo es muy extremo, pero no es porque sí: La psicología cognitiva trata de flexibilizar ideas rígidas y, en el momento en el que eres capaz de relajar, aunque sea ínfimamente, un ejemplo extremo… Cualquier ejemplo más cotidiano te resultará mucho más manejable. Es una manera de actuar mucho más directa y efectiva… en algunos contextos.
Las redes sociales no son uno de estos contextos. Para empezar, porque la gente se queda con la cita en vez de acudir a la fuente para entender adecuadamente la reflexión que la acompaña. Y, para seguir, porque esa reflexión es fuertemente impopular en los tiempos que corren.
La reflexión#
La reflexión tiene que ver con la imposibilidad lógica de evaluar a todo un ser humano por sus acciones.
Si entendemos al ser humano como un “todo” con diferentes “partes”, no podemos evaluar el todo por solo una de esas partes. O tomamos todas las partes y, de algún modo, hacemos una media, o estamos incurriendo en un sesgo.
Pero caer en ese sesgo está socialmente aceptado: si alguien ha hecho algo considerado “terrible”, cualquier otra cosa buena que haya podido hacer se desdeña. Nos cuesta pensar en los grises; tendemos a pensar que o nos vamos a un lado o nos vamos al otro.
Esto es por tu propia salud mental también: si te pasas la vida juzgando a la gente en su completitud por las cosas que hace, ¿qué harás cuando seas tú el que haga algo malo?
Todos tenemos cosas de nosotros que nos gustan más y cosas que nos gustan menos. Acciones de las que estamos orgullosos y acciones de las que nos arrepentimos. ¿Eres malo todo tú por haber hecho algo malo una vez?
Albert Ellis, psicólogo, tiene todo un libro muy interesante reflexionando sobre este tema, por si te interesa.
El filtro social#
Podrías decir: pues entonces hacemos la media. Pero, suponiendo que realmente fuese factible tomar todas las acciones de una persona a lo largo de su vida y hacer la media, luego esa media hay que ponderarla de algún modo; no vas a ponderar igual todas las acciones.
Y ahí, cada uno tiene su propia ponderación. Y cada sociedad, también. Algo que se considera horrible en tu país puede considerarse normal en otros. No existe una moralidad general que aplique a todo el mundo.
En La mente de los justos, Jonathan Haidt hace un resumen de toda la literatura científica que hay sobre este tema.
Las soluciones#
Entonces, si a nivel lógico, tratar de juzgar moralmente a una persona en su completitud no va a ser posible, ¿qué hacemos?
Albert Ellis propone dos posibles soluciones: Una, simplemente no juzgar, o más bien “juzga el pecado pero no el pecador”. Y otra, asumir que todo el mundo trata de hacer lo que cree que es lo correcto en cada situación.
En mi opinión, la primera opción tiene más sentido. Pero la segunda es más fácil de aplicar, porque llena un vacío que tu cerebro está biológicamente programado para tratar de rellenar.
Por eso Rafael va directo a la segunda.
Todos hacemos lo que creemos correcto#
Volviendo al ejemplo que encabeza este artículo, está bien plasmado en el Mein Kampf que Hitler realmente estaba convencido de que estaba haciendo lo correcto. Si incluso él, probablemente el ejemplo más extremo que todos tenemos en la cabeza, creía que estaba haciendo lo mejor, ¿quién no?
Por eso Santandreu habla de tratar de hacer ver a las personas que están equivocadas, pero no desde el castigo sino desde la reinserción. Si lo afrontas desde el castigo, lo más probable es que la persona levante una barrera y no se produzca ningún cambio. Y esto te pasa a ti, le pasaba a Hitler, y le pasa a tu vecina la del bebé llorón que te despierta por las noches.
Si la persona está haciendo mucho daño, eso sí, hay que apartarla de la sociedad. Esto también lo comenta Rafael en el vídeo, no es como que diga que habría que haber dejado a Hitler campar a sus anchas mientras se le lanzaba “amor”.
Pero nos quedamos con el titular, y pasa esto. Al final, el mensaje es muy simple: Menos confrontación y más empatía.
Con la que hay montada con la cultura de la cancelación, no me extraña que no guste… pero creo que si todos pensásemos un poco más así, los problemas psicológicos que vivimos se reducirían enormemente, y todos seríamos más felices.
Tal vez la sociedad en general es incorregible a estas alturas, pero al menos puedes cambiar tu propia forma de verlo, y actuar más en petit comité: con tu grupo de amigos, en el trabajo, etc.
Ojalá vayamos a mejor.


